El Almanzor

3 de junio de 2008. Para empezar este blog


Diré que soy castellano de tierra llana, la región de Tierra
de Campos. Cereales y barro. Sol y heladas. Gentes curtidas por el cierzo que reseca las gargantas y ciega los ojos.
Tierras venidas a menos, a casi nada.
Pero Castilla es mucho más. Montañas y bosques, ríos y lagunas, ciudades y aldeas que aún conservan esplendor y belleza de tiempos ancestrales.
Mi propósito es ir añadiendo a esta página sugerencias que se me ocurran con motivo de mis paseos y visitas por esta tierra mía.

jueves, 25 de octubre de 2012

Vejer de la Frontera, desde lejos

 
Está de camino desde Cádiz a Tarifa, aunque un poco desviado ahora que hay autopista. Allá arriba, encerrado en su muralla, hay que acercarse a él por una carretera estrecha y muy empinada que sale de la general y que te hace circular entre la montaña y el abismo. Quien conduce no puede mirar, aunque el panorama que va apareciendo se va agrandando hasta alcanzar, allá en el horizonte, las aguas del océano. Por eso es muy frustrante que tras la subida, tenga uno que empezar la bajada, sin siquiera poder echar un vistazo al apiñado caserío, al castillo que sobresale sobre los tejados, y a los varios templos que lo adornan.
Tenaz que es el del volante, una vez abajo intenta de nuevo la subida por otra vía. Así llega a un lugar donde hay mucha casa nueva, igual más o menos, menos o más, a las cien mil urbanizaciones de que se ha sembrado el suelo patrio desde el norte hasta el centro, desde el este hasta el sur.
Situado al nivel del casco histórico, con un precipicio entre medias, acerté a tirar estas fotos y puedo así decir que he estado en Vejer de la Frontera. Y poco más. Que don automóvil ha sentado plaza también aquí, y que voy a tener que desempolvar mis recuerdos de cuando no tenía ni treinta y paseé por Vejer, pisé sus calles y admiré sus casas blancas. Claro que entonces eran otros tiempos.

Arbol en Peñalba de Santiago