El Almanzor

3 de junio de 2008. Para empezar este blog


Diré que soy castellano de tierra llana, la región de Tierra
de Campos. Cereales y barro. Sol y heladas. Gentes curtidas por el cierzo que reseca las gargantas y ciega los ojos.
Tierras venidas a menos, a casi nada.
Pero Castilla es mucho más. Montañas y bosques, ríos y lagunas, ciudades y aldeas que aún conservan esplendor y belleza de tiempos ancestrales.
Mi propósito es ir añadiendo a esta página sugerencias que se me ocurran con motivo de mis paseos y visitas por esta tierra mía.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Como Rocío sobre las arenas




Nunca estuve cerca de El Rocío, ni física ni mentalmente. Así que quise aprovechar la oportunidad que me ofrecía que el Guadalquivir desagua en el Atlántico por San Lúcar de Barrameda para hacer una pequeña gira por las marismas onubenses.
Muchas tiene Huelva. Además del Guadalquivir, el Tinto y el Odiel también se acercan al océano abriéndose generosamente por las tierras ribereñas y creando unos ecosistemas, así se llaman, en los que el agua, la flora y la fauna marcan una geografía muy especial, que en parte sí y en parte no está siendo respetada por la máquina de destrozar naturaleza que es la mano humana. Y no olvido, en absoluto, el otro río capital, el Guadiana, pero eso está en la raya, Ayamonte, con Portugal.
Y en el centro, o casi, de todo ello está El Rocío. El santuario, blanco sobre arena, está a medio camino entre Matalascañas y Almonte. Aquel es un pequeño reducto de pescadores convertido en urbanización moderna de turismo de playa y pescadito frito; éste un enorme y extendido caserío, de casas señoriales y calles anchas o estrechas, al más tradicional estilo de los pueblos andaluces.
Entré en El Rocío y enseguida, en medio del enorme y vacío aparcamiento, apareció el coleguilla con la papela: un euro. Seco el humedal, aquello parecía el oeste americano. Arena por aquí, arena por allá. La ermita de la Virgen abierta de par en par, nada de fotos ni de pelis, limpia como la patena, y vacía de quien iba buscando. Ninguna explicación.
Junto al templo y por las calles adyacentes a modo de delegaciones foráneas edificios con rótulos de las cofradías titulares. No las conté, pero dudo que en la onu existan tantas representaciones…
Sediento por el implacable sol, aún en septiembre, y por la falta de referencias que encontraba, o por no saber interpretar lo que tan a la vista estaba, entré a tomar café en una fonda con sabor. Reluciente estaba dejando la cocina, visible desde el mostrador, una buena mujer que enseguida se acercó a ver qué tomábamos. Algún comentario me salió, y ella enseguida agarró el cabo y se explicó. El Rocío no tiene nada que ver con lo de la tele, ni con los famosos; aquí hay fe, mucha fe.
Y continuó. La Virgen no está aquí, está en Almonte. Cada siete años vuelve a casa y allá la reciben como se merece. Con alegría y el pueblo todo engalanado. Aún están los arcos colocados, si va por allí podrá comprobarlo.
Y eso hice. Ir y ver. Y lo que pude lo fotografié. Ni más, ni menos.
















Almonte. El Traslado de la Virgen





















Entra, la puerta está abierta

La Señora de las Marismas entronizada en su pueblo y permanentemente visitada



Monumento a las mujeres portando los atributos de la Virgen: las ráfagas, la corona y la media luna


Arbol en Peñalba de Santiago